Octubre es el Mes Europeo de la Ciberseguridad, una oportunidad para recordar que proteger una entidad no consiste solo en instalar herramientas de seguridad: también hay que mantener los sistemas, adoptar buenas prácticas y saber cómo actuar ante una situación sospechosa.

Un correo de una empresa proveedora habitual comunica un cambio de cuenta bancaria. Un mensaje avisa de que la contraseña caducará en pocas horas y pide iniciar sesión. Una factura contiene un enlace que no esperábamos. O alguien que aparentemente conoce nuestra organización nos pide información con urgencia. Pueden parecer situaciones cotidianas, pero también pueden ser intentos de fraude. Si necesitas asesoramiento o acompañamiento en temas informáticos, puedes contactar con nuestro equipo de servicio informático y te asesorará.

Durante el Mes Europeo de la Ciberseguridad, que se celebra cada octubre desde 2012, la Unión Europea promueve precisamente la concienciación y la adopción de buenas prácticas ante los riesgos digitales. La campaña está coordinada por la Agencia de la Unión Europea para la Ciberseguridad (ENISA) con el apoyo de la Comisión Europea. Y los datos muestran que es una cuestión que forma parte del día a día de las organizaciones.

Según datos publicados por ENISA este 2026, el 74% de las personas trabajadoras encuestadas afirma haber recibido durante los seis meses anteriores correos, mensajes, llamadas o enlaces sospechosos en su entorno laboral. El phishing continúa siendo la amenaza más habitual entre las situaciones reportadas.

La seguridad no es solo una cuestión técnica

Tener los ordenadores protegidos y actualizados es imprescindible. También lo es disponer de mecanismos de protección contra software malicioso, gestionar correctamente los accesos, activar sistemas de autenticación reforzada o disponer de copias de seguridad, pero la tecnología es solo una parte de la protección.

Muchos intentos de fraude buscan precisamente aprovechar un elemento mucho más difícil de proteger automáticamente: la confianza de las personas.

Un mensaje puede parecer que proviene de una persona conocida, reproducir la imagen de una empresa o servicio habitual y utilizar un lenguaje perfectamente correcto. La incorporación de nuevas tecnologías, incluida la inteligencia artificial, está facilitando también la creación de contenidos fraudulentos cada vez más convincentes. ENISA ya identifica el uso creciente de la IA para facilitar o mejorar determinadas actividades maliciosas.

Por eso, una de las medidas de seguridad más importantes continúa siendo saber detectar cuándo algo no encaja.

Pararse unos segundos también es ciberseguridad

No hace falta convertir a todas las personas de la entidad en especialistas en seguridad informática. Sí que es importante, en cambio, incorporar algunos hábitos sencillos:

  • Verificar por otro canal una petición inesperada, especialmente si implica dinero, datos personales o un cambio de cuenta bancaria.
  • Evitar clicar inmediatamente en enlaces recibidos por correo o mensajería cuando no esperábamos la comunicación.
  • Utilizar contraseñas diferentes y seguras y activar la autenticación de doble factor siempre que sea posible.
  • No compartir credenciales entre diferentes personas.
  • Mantener los equipos y las aplicaciones actualizados.
  • Revisar periódicamente quién tiene acceso a la información y retirar los permisos que ya no sean necesarios.
  • Comunicar cualquier situación sospechosa, aunque finalmente resulte no ser una amenaza.

Precisamente este octubre, la Agencia de Ciberseguridad de Cataluña ha centrado parte de su campaña de concienciación en el uso decontraseñas robustas y la activación del doble factor de autenticación, dos medidas sencillas que contribuyen a proteger el acceso a las cuentas digitales.

¿Y los sistemas? También necesitan mantenimiento

Las buenas prácticas de las personas no pueden sustituir una infraestructura tecnológica correctamente gestionada.

Los ordenadores necesitan actualizaciones, los sistemas de protección deben estar activos, los accesos se deben revisar y las copias de seguridad se deben controlar.

Y, sobre todo, no basta con tener una copia de seguridad: hay que tener la certeza de que la información se podría recuperar si algún día fuera necesario.

También es conveniente revisar qué pasa cuando una persona deja la organización, quién conserva acceso a los diferentes servicios, qué dispositivos tienen acceso a la información corporativa o si los sistemas utilizados continúan recibiendo actualizaciones de seguridad. Son tareas poco visibles cuando todo funciona, pero esenciales cuando aparece un problema.

Tener a alguien a quien preguntar

Otro aspecto importante de la ciberseguridad es que las personas de la entidad sepan qué deben hacer cuando tienen una duda:

  • «He recibido este correo, ¿es seguro?»
  • «Me están pidiendo que cambie esta contraseña»
  • «¿Puedo abrir este documento?»
  • «Hemos recibido una factura con un número de cuenta diferente»

Disponer de una persona, equipo o servicio tecnológico de confianza facilita que estas consultas se hagan antes de actuar y permite conocer la realidad tecnológica de la organización: los equipos, los sistemas, los accesos, las copias de seguridad y las necesidades de las personas que los utilizan.

Este acompañamiento también permite trabajar de manera preventiva, revisando los sistemas y estableciendo criterios y buenas prácticas antes de que aparezca una incidencia.

Los datos de ENISA muestran que todavía hay recorrido en este ámbito: solo un 45% de las personas encuestadas afirma que su organización proporciona periódicamente información o recordatorios sobre ciberseguridad, mientras que un 85% manifiesta interés en mejorar sus conocimientos.

Una responsabilidad compartida

La ciberseguridad no es exclusivamente responsabilidad del área informática, pero tampoco se puede trasladar toda la responsabilidad a las personas usuarias.

La protección funciona mejor cuando combinamos sistemas bien mantenidos, herramientas adecuadas, copias de seguridad, accesos controlados, personas concienciadas y un soporte tecnológico que pueda orientar a la organización cuando sea necesario.

Para las entidades del tercer sector, proteger la tecnología significa también proteger los datos de las personas, garantizar la continuidad de la actividad y preservar la confianza depositada en la organización.

La mejor ciberseguridad es, al fin y al cabo, aquella que forma parte de la manera habitual de trabajar de la entidad.

Autor

  • Eugenia Ifer

    Comunicadora especialitzada en organitzacions sense ànim de lucre i en comunicació corporativa i digital. Sempre amb la mirada posada en donar veu, visibilitat i valor a les iniciatives del Tercer Sector.

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