La primera herramienta para adaptar la actividad es una buena planificación de vacaciones.
El Estatuto de los Trabajadores establece que las vacaciones deben acordarse entre la entidad y la persona trabajadora, respetando lo que establezca el convenio colectivo. Organizarlas con antelación permite garantizar la continuidad de los servicios, distribuir mejor los recursos disponibles y evitar concentraciones de personal ausente en períodos críticos.
Cuando la actividad disminuye durante el verano, muchas entidades aprovechan este período para concentrar una parte de las vacaciones de la plantilla.
Revisar si la reorganización interna es suficiente
Antes de incorporar nuevas personas trabajadoras conviene analizar si es posible reorganizar los recursos existentes .
La normativa laboral permite aplicar diferentes medidas de flexibilidad interna, como:
- Redistribuir la jornada dentro de los límites legales y del convenio colectivo
- Modificar temporalmente horarios o turnos de trabajo
- Utilizar horas complementarias en contratos a tiempo parcial, siempre que exista el correspondiente pacto
- Recurrir a horas extraordinarias cuando se trate de una necesidad puntual y excepcional
Estas medidas pueden dar respuesta a incrementos ocasionales de trabajo sin necesidad de ampliar la plantilla . Sin embargo, un uso reiterado de las horas extraordinarias puede evidenciar una falta estructural de personal.
Contratar personal cuando aumenta la actividad
Cuando la reorganización interna no es suficiente, puede ser necesario incorporar a nuevas personas trabajadoras.
La modalidad contractual dependerá de la causa que justifique su contratación.
Si se trata de un incremento puntual e imprevisible de la actividad, se podrá valorar el contrato por circunstancias de la producción , siempre que se cumplan los requisitos legalmente previstos.
En cambio, cuando la actividad se repite cada año de forma estacional —como puede ocurrir con casales de verano, colonias, campus o programas de vacaciones—, habitualmente la modalidad más adecuada es el contrato fijo discontinuo , ya que responde a una necesidad periódica de la entidad.
Escoger correctamente la modalidad contractual es esencial para evitar que una contratación temporal pueda considerarse indefinida.
Aprovechar los períodos de menor actividad para formar el equipo
Cuando la actividad disminuye, también puede ser un buen momento para invertir en la formación de las personas trabajadoras.
La entidad puede programar acciones relacionadas con:
- Prevención de riesgos laborales
- Igualdad y protocolos contra el acoso
- Captación de fondos o gestión de proyectos
Además de mejorar las competencias del equipo, esta planificación reduce el impacto que tendría desarrollar estas formaciones durante períodos de máxima actividad.
Redistribuir funciones cuando sea necesario
En determinadas situaciones , algunos departamentos pueden acumular más trabajo que otros.
La movilidad funcional permite asignar temporalmente funciones distintas a las habituales, siempre que se respeten los límites previstos en el Estatuto de los Trabajadores y las funciones sean compatibles con el grupo profesional de la persona trabajadora.
Se trata de una herramienta útil para optimizar recursos sin necesidad de contratar nuevo personal, pero es necesario aplicarla respetando las garantías legales .
Valorar medidas extraordinarias si la situación lo requiere
Cuando las variaciones de actividad son muy importantes y no pueden gestionarse con las herramientas habituales, la entidad puede valorar otros mecanismos previstos por la normativa laboral.
Entre ellos se encuentran los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTO) , que permiten suspender temporalmente contratos o reducir jornadas cuando concurran causas económicas, técnicas, organizativas o productivas.
Sin embargo, se trata de una medida excepcional que sólo debería utilizarse cuando las alternativas ordinarias resulten insuficientes.
Planificar es la mejor herramienta
Las necesidades de las entidades pueden variar considerablemente en verano. Por este motivo, anticiparse y planificar la gestión laboral es fundamental para garantizar la continuidad de los servicios, cumplir con la normativa y optimizar los recursos disponibles.
Analizar con tiempo la actividad prevista, escoger la modalidad de contratación adecuada y aprovechar las herramientas de flexibilidad interna permite afrontar este período con mayor seguridad jurídica y una mejor organización.